Las decisiones del pianista

 

Nos pasamos media vida decidiendo y la otra media sintiendo los resultados de nuestras decisiones. Con suerte podemos decidir, bueno, para algunos suerte, para otros, la maldición del eterno debate: azul o rojo, me voy o me quedo, le hablo o no le hablo, lo hago o no lo hago…

Y si bien, una de las mejores cosas de la vida es no preocuparse por las decisiones, una de las peores es sentir las consecuencias de las decisiones no tomadas, de lo que se pudo evitar, del caos que se pudo controlar.

 

Pues, es tarea de uno mismo no culparse de esto hasta la locura, ni banalizarlo hasta la trivialidad. El tamaño del error es equitativo a la pérdida, ya sea física o emocional, y el tamaño de la pérdida es algo incuantificable, es como poner precio a la amistad, nadie mas que uno mismo puede cuantificar lo que para uno mismo tiene valioso.

“A la culpa, sigue la disculpa”, tu eres quien debe perdonarse, tu eres tu más duro carcelero, el carcelero de tus sueños y pesadillas, de tus culpas y tus anhelos.

 

Lo más difícil de esta vida es aprender a apreciar las cosas verdaderamente importantes, sea como sea, pero que sea, y que sea pronto.

Puedes creer en el destino o creer en la suerte o no creer en nada, pero lo único seguro es que lo que ha pasado, ha pasado.

 

 

 

Hoy, sigues vivo, pues entonces, vive.

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