Boca de llanto

Boca de llanto, me llaman
tus pupilas negras,
me reclaman. Tus labios
sin ti me besan.
¡Cómo has podido tener
la misma mirada negra
con esos ojos
que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,
qué falta de fiesta!
¡Cómo me puse a buscarte
en tu sonrisa, cabeza
de tierra,
labios de tristeza!

No lloras, no llorarías
aunque quisieras;
tienes el rostro apagado
de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo
reír, aunque no puedas.

Autor del poema: Jaime Sabines

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Narices rojas. Húmedas mejillas. Nudillos entumecidos. Impotencia. Perdición. Cálidas luces fundidas que dan sentido a nuestras noches solitarias. Desierto inmundo. Ojeras rosas que destiñen caos. Grifos de agonía secos, ya sin agua. Distancia creada a través del tiempo y la lógica. Efímero. Las arañas entretejen nuestros destinos para que una mosca atrapada enrede todavía más los delicados filamentos. Luminosos sus ojos, perdidos los míos. Me inundan carteles que me piden que no me aleje.

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Pensé que la vida haría justicia, lo que dicen, que a cada uno lo pone en su lugar, pero no he dejado de darme cuenta de que eso es simplemente una excusa que usan los cobardes que no son capaces de enfrentarse a lo que ocurre de cara. 
Conformistas que se escudan detrás de palabrería y creencias absurdas, que no tienen la entereza suficiente o la seguridad de asumir sus errores dignamente. 

Y si es cierto que yo difícilmente podría estar mejor, pero hay mucha gente que no tiene lo que merece, ni que no merece lo que tiene.